En la Revista Aadventista del mes de Enero analizábamos la Ley del 30 de Junio de 2005, en la cual se aprobó el matrimonio homosexual en España. En este artículo trataremos la segunda parte de la Ley: La posible adopción de niños. ¿Qué efectos puede producir en el desarrollo de un niño al ser criado por dos “mamás” o dos “papás” del mismo sexo? ¿Qué beneficios aportan papá y mamá frente a ese tipo de parejas?

1. MAMÁ Y PAPÁ SON DIFERENTES

Los papás y las mamás, por el hecho de ser diferentes, aportan muchos beneficios al desarrollo emocional e intelectual de sus hijos. La paternidad y la maternidad son fenómenos únicos que se complementan en la tarea educativa. Cada uno aporta elementos que el otro no puede aportar.

Al poco tiempo de nacer, los bebés comienzan a distinguir las diferencias entre su papá y su mamá. Perciben que son físicamente diferentes, hablan diferente, actúan de forma diferente, visten diferente, huelen diferente y afrontan la vida de manera diferente. El niño y la niña observan a los dos y se van vinculando con el progenitor de su mismo sexo. Papá hace “cosas de hombres” y mamá “cosas de mujeres”, y así la niña aprende de su madre a vivir como mujer, y el niño aprende de su padre a vivir como hombre.

Por tanto, las diferencias entre papá y mamá proveen a los niños una gran diversidad de experiencias que no encontrarían en una pareja del mismo sexo.

2. PAPÁ Y MAMÁ ENSEÑAN A SUS HIJOS A RESPETAR AL OTRO SEXO

Los niños y las niñas aprenden de su mamá y de su papá cómo deben tratarse y respetarse los hombres y las mujeres. Las niñas ven a su mamá relacionándose con su papá de forma cariñosa y confiada, y así aprenden a relacionarse con los hombres. Mamá también enseña a los niños a entender el mundo de las mujeres, así desarrollan una sensibilidad hacia ellas, y aprenden a comunicarse con ellas.

Está demostrado que las niñas que tienen una buena relación con su padre, y los niños con su madre, en el futuro suelen relacionarse saludablemente con personas del otro sexo. Cuando tengan que elegir una pareja, buscarán personas que se parezcan al modelo que tuvieron en su casa paterna. Cuando se casen tenderán a imitar los éxitos de sus padres y a rectificar sus fracasos.

Observando a papá y a mamá, los niños aprenden a distinguir entre los comportamientos adecuados e inadecuados hacia el otro sexo. Eso les aporta una prevención para el futuro contra posibles malos tratos. Ese modelo masculino y ese modelo femenino les aporta equilibrio y seguridad emocional, que obviamente no tendrían si los dos “padres” fueran del mismo sexo.


3. MAMÁ Y PAPÁ JUEGAN DE FORMA DIFERENTE

Los papás orientan los juegos con sus hijos hacia lo físico, la acción y la competición en un 70 por ciento. Lanzan a sus hijos hacia arriba, los suben a sus espaldas, los persiguen, los hacen correr y competir, forcejean y cosquillean. Los papás tienen más contacto físico y son más bruscos. Las mamás sólo juegan así en un 4 por ciento. Ellas juegan más tranquilas, son más dulces, acurrucan a sus hijos y tienden a cuidar de ellos.

Aún así, los niños que juegan con su papá aprenden a canalizar su fuerza de manera positiva. La propia actividad les lleva a dar patadas o a morder, pero el papá les enseña que “contacto sí pero violencia no”. Aprenden autocontrol cuando se les dice “¡ya basta!” o “¡cálmate!”. Los niños y las niñas necesitan tanto la ternura de la madre como la rudeza del padre. Los dos estilos se complementan y aportan un equilibrio entre la calma y la acción.

4. PAPÁ FOMENTA LA SUPERACIÓN Y MAMÁ LA SEGURIDAD

En un parque infantil se escucha a los papás decir: “¡Sube más arriba! ¡Colúmpiate más alto! ¡Pedalea más rápido! ¡Corre más!”. Y contrariamente las madres dicen: “¡No subas tan alto! ¡Ve más despacio! ¡Cuidado no te caigas!”. Los papás animan a sus hijos a que se esfuercen y arriesguen, y las mamás los animan a protegerse y a ser más prudentes.

El estilo de los papás fomenta el riesgo, la competencia, la confianza, la independencia y la superación. Mientras que el estilo de las mamás tiende a evitar el riesgo, pero fomenta la estabilidad, la sensatez y la imparcialidad. Los dos estilos proveen seguridad y confianza en el desarrollo de los niños.

5. MAMÁ Y PAPÁ HABLAN DE MANERA DIFERENTE

Mamá y papá también se comunican con sus hijos de manera diferente. Mamá se pone al nivel del niño y simplifica sus palabras, lo que facilita la comunicación inmediata. Papá no modifica tanto su lenguaje y eso dificulta la comunicación inmediata, pero estimula al niño a ampliar su vocabulario. El papá se comunica con el niño de forma más directa y breve, utiliza más el lenguaje corporal y las expresiones faciales. La mamá tiende a ser más descriptiva, más personal y anima más a sus hijos con sus palabras.

Los niños que no están expuestos diariamente a estos dos tipos de comunicación, no aprenden a utilizarlos mientras crecen. Quizá los aprendan más tarde lejos del hogar, pero en muchos casos ya será demasiado tarde. “Los primeros tres años son el tiempo cuando se dobla la diminuta rama… Es cuando se establece el fundamento (de la personalidad)… Las lecciones que aprende el niño en los primeros siete años de vida tienen más que ver con la formación de su carácter que todo lo que aprende en los años futuros… Los padres deberían ser los únicos maestros de las mentes de los niños en esa edad”. (1MCP, 153,154)

6. PAPÁ Y MAMÁ EDUCAN DE MANERA DIFERENTE

Los papás educan más basados en las normas, enfatizan el deber y la justicia. Exigen el cumplimiento de las reglas, lo cual enseña a los niños la objetividad y las consecuencias de sus acciones. Las mamás educan más basadas en las relaciones, enfatizan el cuidado, la ayuda, la compasión y el perdón, lo cual provee un sentido de esperanza. “El padre y la madre deberían ser los primeros maestros de sus hijos” (CN, 21).

Una vez más, no es bueno que se utilice únicamente uno de estos estilos educativos. Papá y mamá, con sus diferentes formas de educar, proporcionan un sano equilibrio a sus hijos que no pueden aportar una pareja homosexual.

7. PREPARAN A SUS HIJOS PARA LA VIDA DE MANERA DIFERENTE

Papá tiende a ver a su hijo en relación con el resto del mundo, mientras que mamá tiende a ver al resto del mundo en relación con su hijo. Mamá se preocupa más por las cosas del exterior que pueden dañar a su hijo y tiende a protegerles, como accidentes, malas compañías, enfermedades, adicciones, relaciones con el otro sexo, etc. Papá tiende a enfocarse más hacia la preparación de su hijo para afrontar esas situaciones. Los papás también ayudan a sus hijos a comprender que cada comportamiento tiene unas consecuencias, por ejemplo que si es agresivo no tendrá amigos, o si no estudia no tendrá una profesión.

En la vida de un hijo es trascendental la etapa de transición entre la dependencia paterna y la independencia. Es un proceso lento que dura varios años. A medida que los hijos entran a la edad adulta, los papás les ayudan a vincularse con el mercado de trabajo. Cuando el padre no está presente, los hijos tienden a quedarse más en casa sin buscar trabajo. Los papás impulsan a sus hijos a prepararse para la lucha de la vida, mientras que las mamás los ayudan a protegerse de esa lucha. Estas dos formas de concebir la vida son necesarias para que los niños se conviertan en adultos maduros. “Los hijos son propiedad de Dios confiada a los padres (papá y mamá)”. (HC, 253)

CONCLUSIÓN

Fue Dios quien creó el matrimonio entre un hombre y una mujer, y también fue Dios quien creó a los papás y a las mamás para criar a sus hijos. Las mamás no pueden hacer de papás, ni los papás pueden hacer de mamás. Los dos sexos son diferentes y necesarios para el desarrollo integral de los niños. Papá y mamá aportan modelos y estilos diferentes, equilibrio, seguridad, confianza, estímulo y madurez.

Por tanto es sencillo deducir que los niños criados por parejas del mismo sexo crecerán en clara desventaja. Quedarán privados de los beneficios que sus papás y sus mamás les podrían aportar. Como resultado sufrirán carencias, inseguridad, falta de confianza, dependencia y falta de equilibrio emocional. Correrán un riesgo de abuso y de explotación por parte de los adultos. Les surgirán confusiones con su propio sexo y tendrán dificultades en su proceso de vinculación. Y cuando lleguen a su edad adulta se les hará muy difícil respetar a otros hombres y mujeres.

“El hogar es una institución proveniente de Dios. El ordenó que el círculo de la familia: el padre, la madre y los hijos, existiese en este mundo como una sociedad”. (HC, 188)

José Luis Lasso
Pastor y Terapeuta Familiar