Fuente: 20 Minutos
FRANCISCO LÓPEZ RUANO. 01.10.2009

Otra vez más empezamos la casa por el tejado. La autoridad de un maestro, un profesor o un catedrático, no puede empezar en el colegio, instituto o universidad. La autoridad del educador empieza en la familia, en casa y casi antes de que dejen los pañales los futuros alumnos y alumnas. La autoridad empieza por pequeñas cosas que van evolucionando con el desarrollo natural.

Empieza por las comidas a su hora, por irse a la cama en su momento, por dormir sus horas necesarias, por pedir las cosas en buen tono, por no romper los juguetes, por colocarlos en su sitio cuando acaba el juego, por aprender a respetar a los hermanos, padres, abuelos…, más adelante por crearles un hábito de estudio, por que aprendan que no es que no sin paliativos, que existen reglas y que hay que cumplirlas, que tienen derechos pero también obligaciones, que aprendan a respetarse a sí mismos y a su salud física y mental, que hay ciertas cosas con las que no se puede jugar sin peligro de engancharse a ellas, que no todo lo que ven en la televisión o con los juegos es cierto y válido, que hay que tratar a los demás como quieran que les traten, que el mundo no gira a su alrededor…

O ponemos los cimientos de la educación en la familia, o la autoridad del enseñante es pura y real utopía.