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¿POR QUÉ EL ABUELITO NO SE ACUERDA DE MÍ?

Marian Sánchez Magro, Psicóloga Clínica

Las relaciones abuelos –nietos en los procesos neurodegenerativos

El envejecimiento es un hecho. Sin embargo, hoy se están dando cada vez más casos de demencia entre nuestros mayores.

La demencia de tipo Alzheimer es ya el cuarto gran problema de salud en el mundo y se calcula que entre un 5 y un 10% de las personas mayores de 65 años padece esta enfermedad, duplicándose los porcentajes en personas mayores de 85 años. En el mundo hay 20 millones de personas que padecen esta enfermedad. En Europa se calcula entre 5 y 6 millones el número de afectados y en España esta cifra asciende a 400.000 personas. Por tanto, es un problema que nos afecta socialmente. Pero, en nuestros hogares, ¿de qué manera puede afectar a nuestros hijos?

La mayoría de los estudios realizados se centra en los efectos que el Alzheimer ocasiona en el cuidador principal. Sin embargo, así como ha aumentado el hecho de que nuestros abuelos padezcan enfermedades neurodegenerativas, aumenta también la probabilidad de que los niños empiecen a conocer de cerca esta enfermedad.

El proceso degenerativo supone un cambio en las dinámicas familiares, en sus patrones comunicativos y conductuales que puede llegar a alterar y hacer disfuncional la estructura y funcionamiento de la familia, así como la relación entre sus diferentes miembros.

Pero no todo es negativo, ya que también puede suponer para el niño la posibilidad de progresar desde el punto de vista madurativo, enfrentando con más facilidad la situación que tienen delante. Además, la relación de cariño con un abuelo, un pariente o un vecino de edad avanzada, enseña al niño el respeto hacia los mayores.
En cualquier caso, como padres o educadores, es importante que estemos preparados para contestar a las preguntas infantiles o para empezar la conversación si notamos una curiosidad o preocupación que no expresan. Es importante que como adultos solucionemos nuestras dudas sobre la enfermedad y nos sintamos suficientemente preparados para contestar a sus preguntas.
Naturalmente, la forma de hablar con los niños sobre cualquier tema es distinta y hay que tener en cuenta diferentes variables:

a) La edad del niño
Según su edad, las explicaciones que exigirá de sus padres, su comprensión de la demencia y su reacción ante la misma variarán. Por ejemplo, entre los 4 y los 8 años es importante dejar claro al niño que el abuelo o la abuela está enfermo y que por ello puede que se comporte de manera extraña. No se tiene que asimilar la enfermedad a una manifestación de locura ya que los niños de esta edad son completamente inocentes y pueden realizar comentarios que herirían la sensibilidad del enfermo. Por eso nunca se debe menospreciar a la persona que padece Alzheimer delante de un niño. El respeto hacia estas personas debe perdurar siempre entre pequeños y mayores. Por pequeño que sea un niño, podemos hablarle de la memoria, ayudarle a entender cuándo la necesitamos, hacer juegos que le permitan ejercitarla. Podemos hacerle comprender que la memoria es la que nos permite tener recuerdos y que éstos los percibimos en la cabeza, así como los sueños. Cuando sea un poco mayor, con 6 ó 7 años, podremos explicarle, de forma muy resumida y gráfica, cómo funciona la memoria. Nos ayudaremos con un libro de medicina para niños o un simple dibujo de un cuerpo en el que se representen las neuronas como pequeñas bolitas. Le explicaremos que cuando una persona está enferma, estas «bolitas» van desapareciendo y con ellas la capacidad de recordar las cosas, es decir, la memoria.

b) La relación anterior nieto-abuelo
Cuanto mejor haya sido la relación anterior a la demencia, más intenso es el impacto sobre ella. Hay que prever que la figura del abuelo, sumamente importante para el nieto, se va a ir desdibujando paulatinamente. Si abuelo y nieto tienen una gran relación, tienen que ser conscientes de que el niño sufrirá los cambios que ve en la persona a la que quiere: no entenderá por qué el abuelo le ignora, es agresivo o apático y se sentirá decepcionado. El niño sufrirá la «pérdida» de una persona querida, exactamente como los demás familiares pero, además, sin poder enfrentarse a la situación de ninguna manera. Es importante hablar con él y dedicar nuestro tiempo a explicarle una y otra vez que el abuelo le quiere y que su forma de actuar está provocada por la enfermedad.

c) Tipo de convivencia actual

Bajo el mismo techo, con su cónyuge, en una institución, etc.…

d) Estilos de afrontamiento del nieto
El modo en que el nieto encare la nueva situación familiar influirá en cómo actúa con su abuelo y con el resto de la familia. Por ejemplo, se pueden producir celos ante la menor atención que recibe de sus padres, tristeza por los cambios de personalidad y de conducta, compasión por la indefensión del abuelo, temor por su comportamiento, preocupación por sus padres y la posibilidad de que ellos mismos puedan desarrollar la enfermedad, frustración por las dificultades de comunicación, sentimiento de culpa por la falta de paciencia o el posible enfado, vergüenza ante sus amigos, confusión por toda la sintomatología, etc.…

e) Estrés de la madre
Normalmente será la madre la cuidadora principal, y ésta puede estar sometida a mucha presión, con lo cual su forma de relacionarse con los demás miembros de la familia se verá influenciada, careciendo, por ejemplo, de la misma paciencia y ánimo para enfrentarse a los problemas cotidianos. Esto el niño también lo percibe.

f) Tiempo de evolución de la demencia
En curso agudo, con la aparición de toda la sintomatología de forma abrupta, o crónico, más insidioso y progresivo. Hemos de preparar al nieto, pues su relación con el abuelo va a ir modificándose.
Por tanto, ¿qué podemos hacer ante todo esto? En principio, potenciar la comunicación con los hijos y explicar, de acuerdo a las variables anteriormente descritas, cómo irá afectando la enfermedad a la familia; favorecer en todo momento la exteriorización de los sentimientos; no dejar nada al azar y prever todas las variables.
Es importante involucrar al chico en los cuidados de la persona enferma (teniendo en cuenta su edad): peinarle, ayudarle en sus tareas comunes o simplemente estar con él. Es bueno que le enseñe fotos de lugares importantes para él y le vaya recordando características de éstos. Es también importante que la persona enferma no olvide los nombres de sus seres queridos y de su pasado y en todo ello el nieto puede colaborar muy activamente.
Tratar al niño como una persona cuya opinión cuenta y cuya colaboración es valiosa ayuda a aliviar la inevitable tensión de una familia con un enfermo de Alzheimer. En estos procesos hemos de darnos cuenta de que no siempre el silencio es una ayuda. El «otro», por pequeño que sea, también sufre cuando su abuelo ya no se acuerda de él.