Los padres de Andrea están muy preocupados con la conducta de su hija, ya que últimamente pega a sus padres cuando le niegan algo o incluso a desconocidos que se acercan a darle alguna muestra de cariño. También le pega a su hermana mayor cuando quiere algún objeto que le agrada.
Andrea tiene dos años y medio y los padres temen que esta conducta persista cuando vaya al colegio.

A partir del año de vida y, tras aprender a caminar, a correr, a subirse y bajarse por diferentes lugares y sentirse autónomos, los niños utilizan estas habilidades recién adquiridas para satisfacer sus deseos; por lo que, si otro niño o adulto les niega algo que desean, activarán sus nuevas habilidades (morder, pegar..) ante la negativa que reciben por respuesta.

En la primera infancia, los niños se vuelven agresivos para liberar enfados, controlar la situación, demostrar poder o proteger sus pertenencias. La mayor parte de estos comportamientos agresivos, disminuye en el momento en que el niño puede comunicarse con palabras en lugar de con acciones.

¿Qué podemos hacer para enseñarles a controlar sus impulsos?

Los impulsos agresivos en el primer año de vida son normales dentro del desarrollo infantil y en algunos niños se prolongan hasta los tres años. Su persistencia dependerá también del lenguaje que el niño tenga y de su posibilidad de expresarse verbalmente.

En esta etapa, el niño debe desarrollar la autorregulación de este tipo de conducta, que es una habilidad que se aprende. Regulará este aprendizaje a medida que se relaciona con sus iguales y en situaciones sociales, pero los padres deben trabajar este aspecto para que el niño madure en esta autorregulación. Trabajar los impulsos a través de la conversación y de la firmeza en el lenguaje ayudará al control. La agresividad infantil es una etapa dentro del desarrollo de los niños. Por tanto, debe superarse entre los 3 y 4 años de edad para permitir el paso a las siguientes fases del proceso evolutivo.

Existe una correlación entre la agresividad en los niños y la presencia de conductas agresivas en el ambiente familiar. Los niños que no superan esta etapa tendrán problemas considerables en las siguientes etapas. Actualmente muchos niños viven en sus casas situaciones que generan ansiedad, como discusiones familiares frecuentes, trastornos emocionales, inmadurez. Los padres que se muestren incapaces de controlar sus frustraciones y manifiesten impulsos agresivos, aunque solo sea a nivel verbal, serán imitados por sus hijos. Si nuestro objetivo es erradicar esta conducta, nunca debemos golpear en la mano a un niño de dos años que ha pegado. De esta manera solo lograremos potenciarla.

RESPUESTAS POSITIVAS DE LOS PADRES

  • Sentarlos en el suelo, o en un lugar concreto, cuando hayan mostrado esta conducta y decirles con firmeza y seriedad que no les agrada. Deben demostrarle su enfado con el rostro, pero con paciencia y control.
  • Cuando pase un “ratito” (1 minuto) hay que llevar al niño para que le dé un beso a quien ha agredido.
  • La forma más efectiva de enseñar a nuestros hijos e hijas a autorregularse es mediante modelos de adultos que mantienen la calma frente a situaciones de conflicto.
  • Desarrollar en los niños el autocontrol de sus conductas requiere de mucha paciencia, tiempo, perseverancia y diálogo.

Mª Ángeles Armenteros Cruz, maestra de Educación Infantil, especialista en Audición y Lenguaje