herencia

LO QUE HACE VALIOSA UNA HERENCIA

Antonio Martínez Carrión

Director del Departamento de Vida Familiar de la Unión Española

“Ciertamente mentira fue la herencia de nuestros padres; vanidad y cosas sin provecho” Jer. 16: 19

Imaginemos que, salimos a la calle, micrófono en mano, para consultar a todas aquellas personas susceptibles, por su edad, de ser padres, sobre qué querrían dejar en herencia a sus hijos. Podríamos encontrarnos con diferentes respuestas:

– Bienes materiales -dinero, inmuebles,…- que les garantizaran bienestar.
– Formación intelectual a través de carreras universitarias, etc.
– Una buena posición, un círculo de relaciones, un buen nivel social,…

¿Cuántos dirían que desearían dejar en herencia a sus hijos un buen ejemplo, un carácter bien construido o unos buenos valores?

Leamos un texto que invita a la reflexión: “Ciertamente mentira fue la herencia de nuestros padres; vanidad y cosas sin provecho” Jer.16:19

Es un texto que llega hasta nosotros de la mano de Jeremías, quien, además del libro que lleva su nombre, escribió también el libro de Lamentaciones. Y es que, ciertamente, este personaje bíblico vive en unos tiempos -siglo VI a.C.- en que había para estar triste y lamentarse.

La situación social de aquel momento, así como la política y hasta la religiosa, estaban sumidas en una desorientación manifiesta. La falta de criterio, de decisiones bien orientadas, el deterioro moral… se habían hecho dueños de la situación.

El problema mayor de aquel entonces, como puede estar ocurriendo ahora, es que los problemas no se quedan en una generación, como “encapsulados”, de tal manera que no se ven perjudicadas las generaciones que se suceden. De esta forma, la falta de visión, la ausencia de valores o su deterioro, la actitud consumista y materialista, el mal uso del tiempo, los déficits en la comunicación en las familias, la falta de objetivos o la ausencia de claridad respecto a cuáles deben ser los mismos pasan de generación a generación como una triste “herencia”.

El texto que hemos mencionado descarna la realidad tangible de que podemos dar a nuestros hijos como legado “vanidad y cosas sin provecho”, cuando no mentiras. Y de esta forma, se entra en una espiral de daño que puede tener consecuencias bien complicadas y negativas en nuestra sociedad. Eso, hoy en día, podemos apreciarlo sin tener que aguzar excesivamente la vista.

¿Qué podemos hacer en nuestro ámbito personal? Sin duda, lo primero debe ser hacer un análisis de nuestras “posesiones”. De hecho, no podemos dar en herencia lo que no tenemos. Lo que tengamos -o nos tenga a nosotros- es lo que dejaremos en los corazones y en la mente de nuestros hijos.

Hay cosas que no sufren devaluación con el tiempo, ni están sujetos al precio de los mercados, hay valores seguros, principios valiosos, rasgos de carácter imperecederos.

En estos casos, la herencia formará parte de lo que “somos” y no de lo que “tenemos”. Y eso la hará verdaderamente valiosa.

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