“Yo estoy contigo, te guardaré por donde quiera que vayas… No te dejaré sin haber cumplido lo que te he dicho”, Génesis 28:15

Con esta alentadora promesa Dios quiso animar a Jacob en uno de los acontecimientos más dramáticos de su vida. Sólo unas horas antes, Jacob tuvo que huir de su casa para salvar su vida: su hermano Esaú quería matarlo, pues Jacob le había arrebatado, con engaño, su derecho a la primogenitura.

¡Qué buena noticia… entre las muchas malas que nos asedian en estos días! Dios, a pesar de todo, cree en mí y continúa amándome. Sigue confiando en mí, incluso cuando sabe que seguiré fallándole muchas veces. Dios sigue confiando en mí hasta mi último aliento de vida, y me brinda oportunidades para que acepte su oferta de gracia y de amor. Sigue confiando en mí, porque soy su hijo y me quiere. ¿No es maravilloso?

La experiencia de Jacob nos va a enseñar muchas cosas. Dios sabe perfectamente que Jacob es un engañador, un mentiroso. Dios sabe que, a pesar de prometerle fidelidad, (Gen. 28:21): “Jehová será mi Dios…”, Jacob seguirá engañando y mintiendo durante 20 años… No estamos hablando de Esaú, el profano, el incrédulo, sino de Jacob, el patriarca que, en el proyecto de Dios, tenía que ser uno de los eslabones de la cadena de héroes de la fe de los cuales tenía que nacer el Mesías, el Salvador.

A ese hombre, Jacob, Dios le prometió solemnemente: “Yo estoy contigo…” (Gen. 28:15). ¡Qué contraste entre la actitud de Dios y la de Jacob! Con la promesa que encontramos en Gen. 28:15, Dios se compromete a estar con él sin poner ni una sola condición… Lo que llama poderosamente la atención es que Dios, antes de comprometerse con Jacob, conocía de antemano cual sería la respuesta que Jacob le daría nada más despertarse del sueño y, sin embargo, se comprometió a estar con él y a confiar en él.

Jacob contestó a la maravillosa promesa de Dios de manera vergonzosa y descarada, poniendo, nada menos, que cinco condiciones para aceptar al Eterno como su Dios: “Y Jacob hizo un voto y dijo: “(1) Si Dios me acompaña, (2) si me cuida en este viaje, (3) si me da pan para comer (4) y vestido para vestir, (5) y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Eterno será mi Dios” (Gen. 28:20,21).

Hay que tener mucho valor y coraje para seguir amando en estas condiciones… Bien, éste es el Dios que promete acompañarnos, confiar en nosotros y creer en nosotros cada instante de nuestra vida.

Todos conocemos muy bien lo que pasó durante los 20 años que Jacob estuvo en la casa de Labán. Aunque sería muy interesante, no podemos entrar en todos los detalles… Veinte años después, Dios apareció otra vez a Jacob, diciéndole: “Yo soy el Dios de Betel donde tú ungiste la piedra y donde me hiciste aquel voto. Levántate ahora, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra natal” (Génesis 31:13)…

Este es el Dios que seguirá confiando en mí, que me acompañará en todo momento, incluso cuando lo rechace, lo ignore y lo abandone…

Jacob se levantó y huyó de la casa de Labán con todo su ganado y su familia. Durante aquellos 20 años Jacob no cumplió con el voto que había hecho con su Dios en Betel. Un detalle, aparentemente insignificante pero muy revelador, es suficiente para comprobarlo. Raquel, esposa de Jacob, antes de dejar la casa de su padre, hurtó sus ídolos. Este robo demuestra que en los corazones de Jacob y de su familia la fe en Jehová no debía de estar muy arraigada y que la mentira debía de ser muy frecuente en aquella familia.

En su mente, Raquel debe de haber pensado: es cierto que nuestro Dios es Jehová… pero un doble “seguro” (confiar al mismo tiempo en el Dios de Jacob y en los dioses de mi padre) nos dará más garantías y seguridad. En aquellos 20 años, Jacob confió mucho más en sus engaños y en sus recursos que en la ayuda de Dios. Sin embargo, Dios siguió confiando y creyendo en Jacob. Solo, en aquella tremenda noche de angustia, esperando la llegada de Esaú y luchando con el Ángel de Dios, Jacob vivió la experiencia de una relación personal con su Dios. Jacob conoció a Dios y su vida fue transformada.

¿Cómo es mi vida espiritual? ¿Ocupa Dios el primer lugar en mi vida? Una cosa es cierta: Dios seguirá confiando en mí, pero yo, ¿lo amaré con todo mi corazón?

Dios es demasiado rico para vender su salvación, y yo soy demasiado pobre para comprarla. Entonces Dios me la regala. Pero mi orgullo y mi miseria no me permiten aceptar un don tan extraordinario. Pretendo hacer algo para merecer la salvación. Con tal actitud menosprecio la más grande dádiva del amor de dios.

Los atentados que ETA tenía planificados para el 31-12-02 en Madrid, no se pudieron realizar gracias a la detención de los dos terroristas encargados de realizarlos. El precio de la detención de los dos etarras fue la vida del guardia civil Molina. Con su vida impidió la realización de aquellos atentados.

Fue un héroe. Es cierto. Pero Molina no se acercó al coche de los delincuentes consciente de que iba a morir para impedir los atentados. Cinco minutos antes, cuando con su compañero decidió identificar a los ocupantes del coche, no pensaba que eran sus últimos cinco minutos de vida…

Si soy salvo es porque Jesús ha muerto en mi lugar. Con una diferencia entre él y el guardia civil Molina: Jesús dio su vida con pleno conocimiento de lo que estaba haciendo. Él sabía cuándo había llegado la hora de entregar su vida (Juan 13:1) Este es el Dios que seguirá confiando en mí, que me acompañará en todo momento, incluso cuando lo rechace, lo ignore y lo abandone…

La Biblia dice que los que conocen a Dios tienen confianza en él. Dios ha puesto en el corazón de cada uno de nosotros el deseo de amar y la necesitad de ser amados. ¡Basta ya de los reproches que solemos dirigir a Dios!: ¿por qué el sufrimiento?, ¿por qué la muerte?, ¿por qué el odio?, ¿por qué la guerra?,… Los que hablan así es porque que no conocen a Dios. No han vivido una experiencia personal con él. La verdad y la realidad es que Dios es amor y nos ama. ¿Cómo demostró Dios su amor? “Dios prueba que nos ama en que, cuando aún éramos pecadores y enemigos, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

He aquí por qué necesito conocer a mi Dios personalmente, así como Jacob lo conoció en la noche más dramática de su vida.

¿CONOZCO PERSONALMENTE A MI DIOS Y CONFÍO PLENAMENTE EN ÉL, PASE LO QUE PASE?

Giovanni Cupertino, pastor jubilado