hijos-lectura«…Curiosamente, no hemos podido establecer la comunicación con más de la mitad de los pobladores de este mundo: los niños. Por pereza, por tontería o por desdén, los miramos, según las cerradas maneras adultas, como futuros adultos y, no como lo que son: precisamente niños. Les lanzamos compromisos y reflexiones que no les pertenecen por naturaleza, o consideramos la infancia como «la edad de la inocencia y la pureza», cuando la sensibilidad y la apertura para aprehender el mundo y sus misterios se dan ahí con más énfasis que en ningún otro momento de la vida».

Esta frase de Ethel Krauze lleva a reflexionar que «todo lo que el niño recibe tiene como filtro el criterio del adulto». Entonces habría que cuestionarse lo siguiente: ¿Nos hemos detenido a observar los intereses particulares de los niños cercanos a nosotros?, ¿Cómo hacemos para fomentar o no una acción o desarrollo en ellos? Muchas veces imponemos nuestro conocimiento pensando que es el correcto y así debe de ser, cuando deberíamos mas bien orientar y persuadir al niño, para que él, como ser autónomo, valore y fortalezca su personalidad dotándola de libre albedrío. Finalmente, sin imposición, obtenemos mayor disposición del infante a ser guiado.

El adulto observa diversos factores, basados en un pensamiento consciente, que satisfaga todos sus requerimientos: culturales, sociales y económicos, entre otros. No obstante, debemos poder mirar más allá de nuestras pretensiones y aprender a guiar adecuadamente a los niños con base en las inquietudes que ellos realmente tienen y manifiestan, y no en el criterio rígido del adulto.

Por otra parte, contrariamente a lo que la gran mayoría piensa, EL NIÑO SÍ LEE, aunque muchas veces lo que lee no es nada alentador; gran cantidad de literatura para niños contiene exceso de violencia, entre otras cosas.

¿Qué hacemos los adultos para fomentar el buen hábito de la lectura?

Lo importante de la alfabetización, no debe ser solamente «saber leer» sino también «comprender lo que leemos». ¿Y cómo comprender lo que leemos? Interesándonos en el tema que abordamos, ¿y cómo lograr el interés en el niño? Satisfaciendo sus demandas, ¿y cuáles son sus demandas? Los niños en esa etapa están ávidos de crear, imaginar, sentir y conocer.

¿Cómo logran los medios impresos motivar esta imaginación? Desgraciadamente la gran mayoría se dedican a proporcionar al niño entretenimiento, esto es juegos, cuentos, historietas; los cuales si cumplen con fomentar la imaginación, pero ¿dónde quedó la cultura, el conocimiento, la información y finalmente la formación? La conclusión de algunos es: ¡Qué más da si al niño no le gusta leer!. En otras palabras interpretaré que estaría bien crear una sociedad enajenada con televisión y los juegos de video, consumistas por naturaleza e ignorantes por convicción.

Esto no quiere decir que la televisión y los juegos de video sean los culpables; estos también aportan una parte de la educación al infante, pero como todos sabemos, en la mayoría de los casos son excesivas las horas que pasan frente a los mismos coartándoles el desarrollo de otras actividades. Se dice que antes de ingresar a la escuela primaria el niño ha consumido ya 4000 horas de televisión; ¡esto es más de lo que pasará frente al maestro en 6 años!

Considero que los medios impresos infantiles tienen un gran reto: Desarrollar la imaginación del niño y motivarlo, por este conducto, a adquirir el conocimiento. En definitiva, tienen el desafío de CULTIVARLO y formar en ellos los adultos que esta sociedad necesita.